My instrument of Choice

My instrument of Choice

martes, 22 de septiembre de 2009

Algo inusual. Random thing.

Sali de mi casa muy temprano; eran como las siete y tanto cuando mi mamá hizo partir el auto. El trayecto al colegio era corto, pero a mi se me hizo casi una eternidad. Estaba nerviosa, mucho mas que otras veces. Mi corazón palpitaba con fuerza y mi guatita me dolía a cada tiempo en que pronunciaba su nombre en mi mente o me imaginaba su rostro.

Cuando por fin todo terminó y ya estábamos en el estacionamiento del cole, los latidos normales de mi corazón subieron a mil por hora; por fin era tiempo de verlo. Por fin después de tanto tiempo sin escuchar su voz y sin sentir su rico aroma. Me hacía falta en esa semana completa sin poder verlo.

Mis manos comenzaron a transpirar a cada paso que daba. Cada vez más cerca de al fin poder ver a mi lindo niño. Mi respiración empezó a acelerar al punto en que estuve a punto de hiperventilar cuando de pronto, todo mi deseo se esfumó por completo.

Solo estaba mi amigo, allí en medio de lo que era mi grupo de amistades. Todos estaban allí, menos la persona a la que esperaba ver después de tanto tiempo.

Esperanzada, moví mi cabeza hacia todos lados, buscando la salida a mi tristeza latente en mi corazón... pero nada apareció. Nada que pudiera ser él, o alguna señal de que sí estaba.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, las cuales retrocedieron con facilidad. No podía estar llorando por algo que no valía la pena.

En vez de eso, corrí con velocidad y me dirigí hacia ellos. Me colgué del brazo del Toño quien me miró asombrado y asustado.

--¿Gaby? ¿Pasa algo? ¿Te sientes bien?--dijo en todo un apuro que apenas logré entenderle.

--¿Dónde está el Edu?--pregunté de una con la voz un poco apagada por el nudo en mi garganta.

--El Eduardo tuvo un problema, no pudo venir hoy. Me avisó ayer que no venía. ¿A tí no?

--Mi celular estaba sin carga...--recordé. Y allí estaba. Si lo hubiera tenido con carga ayer de seguro no me estaría pasando esto ahora.

--¿Entonces no supiste?--me preguntó.

--Obvio que no supe... pucha que lata... ¿Y sabes por qué?

--No, solo me dijo que no iba a venir. Quizá sería bueno llamarlo hoy.

Con eso terminamos. Después de eso el timbre que daba el comienzo de la jornada sonó. Todos mis deseos de pasarla bien y de poder ver a mi niño se fueron a la punta del cerro. Hoy iba a ser el día más aburrido de mi corta vida y lo iba a extrañar más que nunca.

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