My instrument of Choice

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viernes, 13 de noviembre de 2009

La noche de revelaciones. (duh!)

La curiosidad mató al gato. O al menos me mató a mi. Quizá mi antepasado era un gato, si es que crees en esas cosas; soy tan curiosa que soy capaz de hacer cualquier cosa por saber algo. No, no es ser copuchenta, es simple curiosidad. ¡Créanme!
-¿Me vas a decir por qué?- pregunté con ganas de saberlo aún. Stefan me miró con cara de interrogación; había pasado mucho tiempo (así lo sentí, en realidad habían sido horas de clases) desde que le pregunté por primera vez. La clase de física había terminado, y ya era hora de irnos a casa, pero como nos era usual rondábamos el liceo por completo y a oscuras. Por lo menos a ambos nos gustaba la noche y su luna llena.
-No entiendo para qué lo quieres saber... ¿Ganarás algo con esa respuesta?
-Si.
-No lo creo...- dijo misteriosamente, como simpre era que lo hacía.
-Si, si lo haré. ¿Qué acaso no puedo saberlo?
-No. Imposible.- ¡Es un testarudo de miechica! -Es que no lo entiendo, Gaby.
-No lo entiendas, solo quiero saber.
-Es que no le hallo sentido...
-Para mi lo tiene. Ya deja de hacerte el duro y dímelo de una vez.
Stefan suspiró, no sé si de cansancio porque ya lo tenía harto. Al menos me lo iba a decir.
-Bien, bien... primero-
Guardó silencio un rato, uno largo. Yo solo lo miraba con curiosidad y ansias, y dentro de mi cuerpo mi corazón estaba a punto de estallar.
-Es que no hay primero. Todo lo que me gusta eres tú. Me agrada tu forma de ver las cosas, tu positivismo. Me agrada tu caminar, y también oírte reír. Por eso no puedo clasificar lo que me gusta de ti...
Si Stefan hubiese podido, su corazón estaría ahora latiendo a mil, y sus mejillas dejarían ver su rubor encantador, cosa que nunca pasaría. Pero, y al contrario, yo estaba quizá más roja que un tomate. Sentía las mariposas revolotear en mi estómago.
-Pues yo... desde la primera vez en que te vi, cuando sentí la extraña sensación en mí, tus ojos fueron los primeros en cautivarme. No hay palabras para describirlos. Cada vez que veo a ellos, me dejan sin aliento.
Stefan sonrió ligeramente, y con sus dedos levantó mi mentón e hizo que mi mirada se cruzara con la de él. La misma sensación de cuando lo vi por primera vez se aposentó en mi cuerpo, y no pude hacer nada más que perder mi aliento y mirarlo perdidamente. Me dejaba tan débil y vulnerable cada vez que hacía eso, y aún así me agradaba.
-¿Enserio te agradan mis ojos?- dijo con la mirada todavía pegada a la mía. Respiraba relajadamente, todo lo contrario a mi.-Jamás lo pensé...
-Jamás pensé que dirías eso...-dije casi a susurros.
Stefan acercó su rostro más al mío, y dejó que su frente se apoyara sobre la mía. Nuestras narices lograban tocarse.
-Tu me haces sentir tan vulnerable, que todo es posible. -dijo, su tibio y frío aliento pegando contra mi cara. -Nunca pensé en llegar a sentirme así.
-Creo que el tigre no resultó ser más que un lindo gatito...
-Y parece que tú te sientes igual...-dijo, dándome justo en el punto bajo. ¡Siempre sabe como joderme!-Qué tal si hago... esto...-
Acarició mi rostro, y la suavidad y el toque extraño de su piel mandó un escalofrío por mi columna. Su mano puesta sobre mi cadera me acercó más y más a él. Su rostro seguía frente al mío, con sus ojos miel sobre mis ojos café verdosos.
-Pero tú pareces ser un frágil pichón, fácil de cazar.
Sus palabras me mataron de un golpe. ¿Cuántas veces le había dicho que no tocara de esa manera el tema?
-Stefan.
-Lo... lo siento...
Traté de soltarme y de liberarme. Si me iba a tomar de esa manera no me dejaría cazar por él. Pero todos mis esfuerzos fueron imposibles; su fuerza inhumana me lo impedía siempre que lo intentaba.
-Ya dije que lo sentía... por favor no te vayas aún. Me encanta tenerte cerca mío.
-Si es que tratas de decirlo de esa manera. A tí te agrada estar conmigo solo por mi--!
-Entonces estaría siendo masoquista, ¿No crees?. No lo hago por eso, lo hago sólo porque me gusta. Porque me encanta estar contigo.
-A mi también me agrada estar contigo, pero tú sabes qué cosas pueden pasar con alguien que está obsesionado por su presa. Y tú sabes a qué me refiero...
-¿Tú crees que les haría caso? ¿Crees que arriesgaría tu vida por ello? Debes estar soñando... Soy capaz de arriesgar la mía por ti.
Mis ojos se abrieron de repente. De repente podía ser muy bueno, que llegaba a tocar mi corazón. De pronto comencé a arrepentirme; no debí de desconfiar de él. Sabía que él me protegía demasiado.
-Lo siento, Stefan. No volveré a dudar de ti...
Stefan sonrió, mostrándome sus dientes y sus lindos (y fieros) colmillos. Pero sabía que no había problema en ello. Sabía, bien al fondo, que él me amaba, y que no dejaría jamás que alguien llegase a hacerme daño, o incluso a sólo tocarme. Por esa misma razón era que yo también lo amaba. Él era el hombre, o bueno inmortal, perfecto para mi.

***
ta-dah! Estaba muy aburrida, por eso lo escribí. Ojalá no aburra, pero a mi parecer sí lo hace.
bye!

2 comentarios:

  1. jajajajaj
    me di la paja de leerlo
    pero sabes me gusto caleta
    nose que onda pero me envolviste caleta con tu cuento sigue escribiendo estn bkn!
    cuidate

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  2. hehe... eres el primero en sentirse así respecto a lo que escribo. Se siente extraño!
    bueno eso!
    chau!

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