27 de Febrero 2010, 03:45
Habían pasado minutos.... tan solo unos escasos minutos. Todo era total oscuridad, pero por alguna extraña razón no sentía miedo. En vez de eso tuve la gracia de disculparme con todos, por el ataque de pánico que minutos antes había sufrido, y que me había impedido realizar las cosas con mayor apuro. Ninguno de ellos me entendía, o así lo sentí yo. Nadie esperaba que empezara a desesperarme en un momento así, e incluso pensaron que mi hermano había sido mucho mejor en cuanto a responder que yo. Por supuesto, nadie en ese momento se dio cuenta de que habían herido mis sentimientos, pero eso a quién le importaba en un momento así. Ni siquiera a mí misma.
Mi hermano seguía afuera con su idea de 'Me siento más protegido afuera que en la casa'. Mi mamá estaba sentada en el sillón, todavía alarmada, quejandose de que le dolía la espalda, de lo cual me sentía muy culpable al hacerla subir por la escalera en mi búsqueda. Me sentía inútil. Pero no tan culpable al saber que también mis perros tenían algo que ver con ello. Mi papá, mientras pensaba, caminó y se sentó en el sillón derecho, calmándonos a todos con bromas entre sus oraciones.
Caminé hacia la cocina, pero me detuve en medio camino al encontrarme con el piso mojado. El terremoto había botado el jarro con jugo, y se había esparcido por todas partes. Retrocedí, y entonces miré hacia el escritorio en donde estaba el computador, todo desordenado y prácticamente en el piso. La mesa del comedor estaba intacta; no se habían caído las cosas de encima, algo que me extrañó notablemente. Pero de la repisa de la cocina no quedaba nada vivo.
--Hija, la gatita estaba en el baño--me avisó mi mamá mientras mi papá cerraba la puerta del baño con mi gatita dentro. Iba a evitar a toda costa que ella se perdiera. Según mi mamá, los gatos se perdían por días cuando ocurría un terremoto. Y eso era lo que menos quería.
Fui hacia la ventana, y miré hacia el horizonte. Debido a la plaza solo notaba los árboles. El sonido ambiente eran las alarmas de autos y casas de alrededor. De paisaje, las luces de los autos ladera arriba tratando de huir de Santo Domingo. Pensamos que la mayoría eran de Santiago, y tratábamos de consolarnos en que así era, y en que no era una ola amenazante.Por supuesto, aún nos quedábamos con el miedo de que podía ser un Tsunami.
Los automóviles pasaban en grandes cantidades hacia la ruta que lleva a Rapel, por la carretera de la Fruta. No se escuchaba ni el ruido de los pajaros. Pero ni miedo sentí...
Mi mamá sacó el auto del garage por si acaso. Al igual que nosotros, los vecinos del frente hicieron lo mismo.
Mi papá caminó hacia la cocina, y entonces, tocando el estante, terminó de quebrar los últimos vasos que pendían de un hilo. Buscaba velas en el estante de abajo, pero desafortunadamente no encontró ninguna. Mi mamá hizo lo mismo, pero en otro estante de la parte americana de la cocina. Tampoco tuvo suerte.
Dejando de lado la búsqueda de velas, mi mamá tomó su celular y se dispuso a llamar a todos para saber como se encontraban. Y entonces, pude percatarme de la realidad que me rodeaba. Mis seres queridos habían vivido lo mismo que yo, y no sabía en qué estado podían encontrarse en este momento. Pensé en mis tatas.
Mi madre empezó llamando a mi abuela, pero no hubo respuesta. Luego a mi tata, pero tampoco pudo contactarse. Según el celular, había error de red. Intentó varias veces, hasta que pudo comunicarse con mi mami. Ellos estaban bien.
Y entonces quise ir en búsqueda de mi celular. Tenía que hacerlo. Ahora ya. Además debía buscar un par de zapatillas, y unos pantalones (dormía con unos shorts como piyama y una polera cualquiera). Le dije a todos que subiría en búsqueda de esas cosas, y todos, especialmente mi hermano que insistía que tuviera cuidado allá arriba. Decidió ir conmigo, alumbrándome con el celular de mi padre. Cuando pisé el primer escalón, un retortijón dio en mi estómago. Pero haciéndome la valiente, empecé a subir con pasos firmes y pesados. Ya arriba, a ciegas empecé a buscar por todos lados mi celular, el que encontré entremedio de las tapas de mi cama. Me había arrepentido de no haberlo cargado; horas antes me había dado flojera. Aproveché de cerrar el notebook y de guardarlo bajo la cama, cosa de que si había otro temblor fuerte no cayera al piso de golpe. Mientras hacía mis maniobras, una fuerte réplica azotó la casa. Mi estómago dio un vuelco increíble y me dieron ganas de vomitar. Sin embargo, pescando el primer pantalon que encontré, las zapatillas más a mano que tenía, y el primer polerón que pude tocar, bajé corriendo la escalera.
No me había dado ni cuenta, pero mi hermano ya estaba abajo. Me puse los pantalones encima del piyama y me abrigué. Caminé hacia la ventana, punto de refugio para mí desde ahora, y miré a la pantalla del celular. Le quedaban dos palitos de batería. Y luego, miré al fondo de pantalla. Allí estaba él, Jake, sonriendo...
Una desesperación horrenda empezó a invadirme de a poco. Tenía que saber de él, en este momento.
Escuchamos el sonido de un auto estacionarse frente a nuestra casa.
--¡Es el tío Paul!--gritó mi hermano desde afuera. Todos salimos a ver. Lo vimos salir del auto, diciéndonos palabras tranquilizadoras.
--Tranquilos, no pasa nada. Mis papás están bien.--Bueno, si él estaba allí era porque era así. Mis papás se acercaron a él y comenzaron a narrar su propia experiencia, mientras él aportaba con lo suyo. Mi madre estaba asustada, y decía las cosas de una manera espeluznante. Traté de quedar serena, intentando no recordar esos momentos horribles en mi habitación.
Pero entonces una ola de miedo me bajó, y provocó un nudo en mi garganta. Pensé en todos, en cada uno de mis seres queridos. En mi tía Gladys, que vive en Llo Lleo alto; en mi tía Francesca, que vivía más abajo de nosotros. Luego en Leo, residente de San Antonio, allá en las Colinas del Mar. En Zoey, que vivía en Villa Italia, y después me detuve en Jake, que vivía por el mismo sector, y mi corazón dio un salto espantozo al pensar en qué situación se encontraría. Mientras susurraba su nombre entre mis labios tiritones, una lágrima rodó por mi mejilla. Y me rompí en el peor momento, cuando no era necesario llorar.
Mi hermano me confortó tiernamente, y me hizo detener el llanto que no era más que un lloriqueo de desesperación y preocupación. Desde ese momento mi mente estaba concentrada en otro lugar, muy lejos de aquí, y entonces también me acordé de mis abuelos que vivían en Santiago.
Deseaba saber de todos ellos, de cada uno. Y mi pecho se apretaba al pensar en ellos.
Mi tío Paul dejó unos pocos minutos depués la casa, justo cuando me había decidido en salir, y entonces nos quedamos los cuatro solos bajo el alero de la luz de la Luna en el patio. Empecé a recorrer el patio, inútilmnte, solo para calmar los nervios. Luego entré a la casa, y vi que mi mamá hablaba por teléfono con alguien.
Era la mami Samy desde Santiago. Estaba bien, junto a los hermanos y el padre de mi papá.
Decidí pedirle el celular a mi mamá, para empezar a ver si podía contactarme con mis amigos.
--Mamá, ¿Me podría prestar el celu un rato? Es que... quiero llamar...a...mis...--lo último solo lo susurré. Mi mamá me pasó el celular sin decir palabra alguna.
Empecé a marcar el número de celular de Jake primero. Pero decía que no había red y no pude llamar. Luego inenté con el número de su casa, y decía lo mismo. Traté con el número de Zoey, pero resultó ser lo mismo. Como no tenía el del Leo, nada pude hacer más que confiar en lo mejor.
Traté mil veces con el número de Jake otra vez, desesperada en saber de él, y entonces en una ocación empezó a llamar. Pero no había pitido ni nada de eso; me pasaba directo al buzón de voz. Hartas veces resultó lo mismo, y no pude hacer nada más que imaginar en qué se encontraría. Me pasó lo mismo con Zoey y con mis tatas de Santiago.
Traté con el número de casa de Jake, esperanzada en algo, pero esta vez, en vez de decir que no había red, decía que estaba ocupada... y me imaginé lo peor... Me consolé sabiendo que si había un tsunami se salvaría, ya que vivía en un lugar bastante alejado y muy alto a nivel del mar. Así pensé también con Zoey y Leo.
Ya eran las 05:02 AM. Deseábamos ver el amaneces pronto, en búsqueda de la luz solar que necesitábamos ahora. La casa estaba alumbrada por lo menos, pero la luz de la luna no duraría por mucho tiempo.
Salí al patio y me senté, observando a la luna, que ya se estaba escondiendo.Mi hermano estaba hablando muchas tonteras por lo nervioso y agitado que estaba, y la mayoría de ellas eran negativas. Suspiré y entonces recordé que hace unas horas estaba nerviosa por el día de hoy, en el que se suponía que iba a salir con mis amigos. Y entonces quise volver al pasado y quedarme dormida temprano, para ver si esta cosa no ocurría y no me impedía mi paseo por la playa. Lo triste es que eso nunca iba a pasar, y además éste terremoto ya estaba previsto. Pero la gente no le había tomado mayor atención.
Volví a suspirar. Miraba el reloj a cada momento, haber si algo de tiempo avanzaba. Eran las 05:15. Jamás pensé que sería tan eterno esperar el amanecer.
Empezamos a conversar y a lesear un rato con mi hermano, para ver si el tiempo así comenzaba a fluir con mayor rapidez. Conversamos del pasado, de nuestros recuerdos, y del presente. Y luego sacamos la conclusión de que este era nuestro primer terremoto. Y de que siempre lo estuvimos imaginando muy diferente a como había sido ahora. Pensamos que él debería haber tenido ese ataque de pánico, y yo haber sido la valiente que bajó a toda velocidad casi toda vestida.
Quise entrar a la casa. Me había dado algo de frío, y le pedí unos calcetines a mi papá para calentar mis pies helados. Mi hermano todavía estaba afuera. No valía la pena que estuviera adentro ya que a cada réplica el huía por la puerta.
Y las réplicas no tenían descanso.
Miré mi celular, y ya eran las 06:11 AM. Una hora más y estaría amaneciendo. Mi mamá encontraba eterno todo. Quería que todo fuese luz. Yo quería lo mismo. Corrí hacia ella y la abracé con ganas... necesitaba eso. Empezamos a conversar de temas, tratando de evadir el terremoto. Pero sin embargo todas nuestras conversaciones terminaban allí.
--El terremtoto del 85 no fue tan largo como este.--dijo ella.
--¿Ah no?
--Incluso, parece que fue mucho más fuerte.
Quedé asustada después de esto. Había sido un golpe duro para todos este fenómeno de la naturaleza.
--No entiendo por qué algunas cosas de la casa fueron afectadas y otras no. De la mesa deberían haberse caído estas cositas--dijo mi mamá.
--En la pieza se cayeron todos los cd's y dvd's.--complementó mi papá. Y así comprobé después yendo a la habitación. Era un desastre.
--En mi pieza pasó lo mismo, pero en la de mi hermano no mucho.
--Si, no quedó tan mal... la de la Nikki quedó horrible--dijo él ya adentro, sentado en el sillón largo.
--Atacó por partes. La mitad de la casa quedó bien; la otra no. Qué extraño--concluyó mi madre sentándose en un sillón.
Salí al patio y me dirigí al garage, para ver como iba el amanecer. La luna ya no estaba; ella se había ido ya. En el horizonte del oeste se podía ver la línea anaranjada del amanecer.
Dentro de la casa comenzaba a verse todo con mayor claridad. Estaba el despelote; todas las cosas tiradas en el suelo daban un aspecto de desorden total. La mesa, como dije, intacta. La cocina... para qué decir de la cocina.
De repente me nació el instinto de volver a llamar por teléfono. Le pedí el celular nuevamente a mi madre, el cual me pasó de inmediato, y marqué el número de celular de Jake de nuevo. Hizo lo mismo de antes, pasarme a la operadora con su voz de 'soy la señorita perfecta tranquilidad'. Marqué el número de su casa, y entonces para mi gran suerte, empezó a marcar. Cuando escuché los primeros pitidos del teléfono mi corazón dio un salto de alegría y nerviosismo. ¿Qué pasaba si no contestaba?
Pero entonces... alguién descolgó. Y era su voz. La voz de Jake.
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Tuve que hacer la letra chica.... creo que escribí mucho XD
ojalá esté bueno!
y no critiquen los nombres!! o me enojo ò.ó
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